Historias
del Hospi

Nuestras historias

Conoce la historia de nuestros héroes.
Estos valientes son los protagonistas de nuestros calendarios solidarios.
Ya son parte de la familia FSsC.

Marta 16 años

Leucemia Linfoblástica Aguada
Tipo B

Gracias a esas personas que, con un gesto, permiten que otras puedan seguir viviendo.

Adrián M. 12 años

Osteosarcoma Telangiectásico

He descubierto cuánta gente me quiere y me esperaba.

Alejandra 10 años

Linfoma Linfoblástico de
Células B

Es una niña feliz que nos ha dado una gran lección de vida.

Roberta 13 años

Leucemia y Retinoblastoma

La palabra cáncer da más miedo que lo que es en realidad.

Aarón 13 años

Linfoma de Hodkin

Ha luchado como un campeón

Álvaro 10 años

Leucemia Linfoblástica
Aguda Tipo B

Lo más importante es curarme y en eso estoy…

Carlota 15 años

Leucemia Linfoblástica Aguda
Tipo B

Imposible explicar todo lo vivido.

Noa 7 años

Osteosarcoma Malar

Su historia es un testimonio de lucha, esperanza y amor incondicional.

Manuel 17 años

Linfoma no Hodkin

Ahí fue cuando todo se detuvo.

Martina 11 años

Osteosarcoma

Hay amistades que nacen en las circunstancias más difíciles.

Adrián S. 10 años

Tumor Cerebral

Un campeón
¡¡nos ha dado ejemplo a todos!!

Dominick 9 años

Leucemia

Con muchos sueños por cumplir.

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Un trocito de mi corazón

El camino no ha sido fácil. Habría tantas cosas que te podría contar de aquellos días de incertidumbre.

Una madrugada cuando pensaba que la partida se acababa y habíamos perdido, mientras bajaban a mi hijo a la UCI, la oncóloga que nos acompañaba me miro a los ojos y me dijo «NOSOTROS NO NOS RENDIMOS» Seguiremos investigando para intentar salvarle.

Esas palabras para mí fueron el empujón que necesitaba para seguir luchando.
Hoy mientras mi hijo está en el colegio curado, yo sigo luchando por los que detrás de él tienen que librar esta batalla.
Colaboro en FSsC porque yo sé bien que la investigación y el apoyo a los profesionales médicos es vital para ganar la partida.

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Por suerte o por desgracia hay personas a las que en un momento de nuestra vida nos llega un día en el que todo da un vuelco, que hace que te replantees todo y decidas que tu orden de prioridades tiene que cambiar, temporalmente o para siempre.
En mi caso ese fue el día en que nos dijeron que nuestra pequeña de 2 años estaba enferma, tenía una Leucemia Mieloide Aguda (LMA) y nuestro destino se decidiría aproximadamente en los siguientes 6 meses para bien o no…     Y fue justo en ese momento cuando pasó, tomamos una decisión que cambió todo y fue la siguiente, si todo salía bien queríamos que el recuerdo de todo este proceso para Vega tuviera un millón de risas y colores y si no también teníamos claro que queríamos que sus últimos meses fueran los mejores de su corta vida y creamos nuestra propia versión de la película “La vida es bella”.
Risas a carcajadas, bailar hasta dolernos las piernas, tardes de cine con palomitas en la habitación, barra libre de purpurina, aprender a hacer volteretas sin que se te salga la vía y mil cosas más que hacen que 6 años después tengamos la suerte de que los buenos recuerdos hacen sombra a los del miedo y el dolor.
Hace un mes me encontré a un voluntario que me recordó cómo comprábamos caramelos para dejarlos en el mostrador del control de enfermeras y que Vega pudiera ir a escondidas a robarlos….y como esta tenemos mil historias de camellos de los Reyes Magos que te dejan el baño lleno de restos de lechuga, de cómo jugar con nieve que se saca de rascar un congelador, de cómo llega Telepizza hasta la recepción del hospital y todas y cada una de ellas son lo que permitió que nuestro paso por la Paz fuera soportable.
La ecuación era muy sencilla, nuestra pequeña estaba luchando la batalla de su vida y nosotros solo podíamos ser quien le curara las heridas del alma y alimentara su ilusión por vivir para que no desfalleciera y nos sentimos muy afortunados de haber podido conseguirlo.

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Entre las innumerables horas que pasé con mi hijo en el hospital también hubo buenos momentos.
 Si era sábado noche, empezábamos nuestro duelo de DJ´s, cada uno elegía una canción que hiciera bailar al otro, allí sonaban viejos clásicos del rock y el pop que me “pinchaba” ese calvito de apenas 11 años y yo contraatacaba con soul, funk y electrónica ¡imagina a las enfermeras entrando a la habitación y viendo aquello! 
Luego palomitas de microondas y devorar alguna peli de acción rabiosa o alguna serie que nos enganchará a lo grande, así descubrimos The Raid, John Wick y las secuelas de ambas o Strangers Things, acababan nos mirábamos con cara de “¿vemos otro?” y mirábamos el reloj, como si se nos fuera a hacer tarde para algo o hubiera algo diferente que hacer mañana, nos reíamos y seguíamos hasta que nos vencía el sueño.
Otras veces nos tumbábamos en la cama uno al lado del otro, mirando al techo como si miráramos  el cielo y charlábamos como dos viejos amigos.
Y la sala de juegos de la Octava, 52 pulgadas de tele para destrozar demonios con la motosierra en el  Doom o jugando al Starlink, con sus increíbles naves que aún atesoramos. Allí nos poníamos las pelis de ver en cine, con suerte con algún espectador adicional como un cine de verdad. Por supuesto que hubo momentos muy malos también, pero, ¿cuáles crees que recordamos ahora?.

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