Manuel

HISTORIA DE MANUEL

Es doloroso y triste. Lo que he pasado no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Soy Manuel Altamirano, y después del verano de 2023, uno de los mejores veranos de mi vida, me crecieron unos bultos. Pensábamos que se iría solo. Pero, por desgracia, ahí empezó la caída en picado.

A principios de noviembre, el cirujano me mandó hacer una biopsia en los bultos para descartar problemas. En ese momento, yo no entendía nada, pero tampoco le di ninguna importancia porque podía seguir haciendo vida normal. Hasta que el 23 de noviembre a las 10 de la mañana, una fecha que nunca olvidaré, me dijeron lo peor que le pueden decir a un chico de 15 años: «Tienes una enfermedad que tenemos que curar lo antes posible. Se llama cáncer».

Ahí fue cuando todo se detuvo. Intenté aguantar las lágrimas, pero no pude, sin querer mirar atrás, donde estaban mis padres llorando. Desde ese momento, comenzó la cuenta atrás para empezar el tratamiento lo antes posible. El lunes de la semana siguiente me colocaron el port-a-cath, el dispositivo por el que me administrarían la quimioterapia durante seis sesiones de cinco días cada una.

Durante la primera sesión no sabía cómo iría aquello: me ingresaron por la tarde-noche para canalizar la aguja y empezar a ponerme suero. Esa fue la mejor noche de todas las que pasé ingresado, porque no imaginaba lo que me esperaba en los días siguientes. Muy temprano por la mañana me pesaron, me tomaron la tensión y me sacaron una analítica para dar por comenzado el primer ciclo. Poco después, traían las primeras bolsas de quimioterapia.

Cuando salí del primer ingreso, me encontraba bien y creía que no iba a ser nada. Sin embargo, no sabía que durante los 15 días de descanso en casa antes del siguiente ingreso era cuando el tratamiento realmente hacía efecto. Entre el primer y el segundo ciclo se me empezó a caer el pelo. Verlo cada mañana en la almohada era un sufrimiento continuo, así que, estando solo en casa, cogí una máquina y me lo rapé al cero.

Así pasaron los tres primeros ingresos, hasta que un día en casa empecé a encontrarme mal y con fiebre. Tuvieron que ingresarme de urgencias durante cuatro días, lo que retrasó todo el proceso. Aunque los tres ciclos siguientes se pasaron más rápido gracias a las enfermeras y auxiliares, con quienes creé un vínculo muy especial.

Continuamos con las revisiones, pero en octubre de 2024 tuve una recaída. Nos derivaron al Hospital Niño Jesús para participar en un ensayo clínico, pese a que el objetivo final era el trasplante. El ensayo salió bien y en mayo de 2025 entré para el procedimiento del trasplante junto a mi madre como donante. El día 29, me realizaron el trasplante, en el que hubo complicaciones que me llevaron a pasar por la UCI, un tratamiento de radioterapia y varios PET-TAC.

A los 63 días de estar ingresado después del trasplante me dieron el alta. Y seguidamente tuve que estar confinado en casa durante un tiempo. Fue largo y tedioso. Pero actualmente llevo ya un año limpio y en remisión.