HISTORIA DE AARÓN
Mi hijo, Aarón Olivera Mejías, tenía 12 años cuando comenzó todo. A mediados de mayo empezó con fiebre, cansancio, pérdida de peso y dolor de piernas al levantarse. Su hermano Guillermo también advirtió que estaba demasiado delgado.
Lo llevé al pediatra y después a Urgencias del Hospital Universitario 12 de Octubre, pero en ambas ocasiones pensaron que podía ser un virus. Aunque la fiebre desapareció, yo seguía sintiendo que algo no iba bien.
Aarón tiene un único riñón y está en seguimiento por Nefrología. El 1 de abril, durante una consulta con la doctora Carlota, ella observó que estaba por debajo de su peso y, preocupada por su estado, nos envió de nuevo a Urgencias. Quiero destacar su profesionalidad, humanidad y cariño.
Allí detectaron un soplo en el corazón y ganglios en el cuello. El doctor Miguel Ángel Molina exploró a Aarón detenidamente y solicitó una radiografía. Después me pidió que entrara sola y me explicó que habían encontrado algo que requería más estudios y la valoración de Oncología Pediátrica. Sentí que el mundo se detenía. Avisamos a su padre y los médicos hablaron con él por teléfono.
Aarón quedó ingresado. El equipo nos explicó que podía tratarse de una leucemia o de un linfoma. Durante aproximadamente una semana, en la planta 8 de Oncología Pediátrica, le realizaron todas las pruebas necesarias. Fueron días de miedo, incertidumbre y preguntas, pero también de esperanza. Finalmente llegó el diagnóstico: linfoma de Hodgkin.
El tratamiento comenzó el 9 de abril de 2025 y terminó el 26 de agosto de 2025. Han sido meses muy duros para nuestra familia, llenos de miedo, lágrimas e incertidumbre, pero también de lucha, fortaleza y esperanza. Cada día hemos dado gracias a Dios y a todas las personas que nos ayudaron en este camino.
Quiero expresar mi agradecimiento a todo el equipo de Oncología Pediátrica, especialmente a Diego Plaza, Carlos, Bea, Pedro y al personal médico y de enfermería. Gracias por su atención, cariño, paciencia y profesionalidad. Para nosotros no fueron solo sanitarios, sino personas que estuvieron a nuestro lado en uno de los momentos más difíciles de nuestras vidas.
Gracias también a la doctora Carlota por darse cuenta de que algo no iba bien y por insistir en que Aarón fuera valorado en Urgencias. Gracias a quienes cuidaron de él, nos acompañaron, nos tranquilizaron cuando el miedo nos podía y lucharon junto a nosotros.
Hoy, al recordar el día en que escuché por primera vez la palabra «Oncología», todavía se me encoge el corazón, pero también pienso en todo lo superado. Aarón ha luchado como un campeón y nosotros hemos permanecido a su lado en cada paso. Gracias a Dios por poner en nuestro camino a profesionales tan maravillosos.