Marta Hervas

5 de noviembre de 2022

Todo empezó el verano de 2017, Marta tenía 18 meses. Siempre ha sido una niña especial; risueña, cariñosa, bonita. Q voy a decir yo, su mamá.

Estábamos pasando unos días en familia en el pueblo y empezó a tener fiebre muy alta. La llevamos al pediatra de la zona y pensaron que estaría incubando algo. Después de 2 días sin conseguir controlar la fiebre y el malestar continuo decidimos volvernos a casa y q la viera su pediatra. Él tampoco sabía de dónde venía esa fiebre y nos aconsejó que la llevásemos a urgencias de nuestro hospital de referencia. Allí le hicieron analítica y todo era normal. Nos mandaron a casa en observación domiciliaria.

Nosotros sabíamos que algo no iba bien. Tantos días de fiebre sin tener un por qué. Al día siguiente, jugando Marta con su hermana de 7 años tumbadas en la cama haciéndose cosquillas, nos llama asustada: Mamá, papá!!!!! La tata tiene un bulto en la tripita. La mirada entre mi marido y yo fue tal q no nos hizo falta las palabras. Nos dirigimos al hospital y al decirle lo que la hermana le había tocado, a pesar de que al palpar los pediatras no notaban gran bulto, decidieron hacerle una ecografía. El resultado de ella fue una gran imagen. Decidieron trasladar a Marta lo antes posible al Hospital La Paz. El camino en la ambulancia fue eterno, no sé lo que pasaba por nuestras cabezas. Llegamos a La Paz y en el hall de urgencias estaban esperándonos como 10 médicos. Ya sabíamos que a nuestra pequeña la pasaba algo importante, pero ver ese equipo médico esperándonos fue el ver la importancia de lo que podría tener. Y nos “acojonó”.

En todo momento supe que ese equipo iba a ser la salvación de nuestra niña, sin aún saber la gravedad que existía. Pasó un día en la Uci para intentar controlarle la fiebre. Cuando nos trasladaron a planta, se abre la puerta del ascensor en la planta 6º y ves el cartel de oncología infantil el mundo se para y empiezas a maldecir, enfadarte con el mundo, pedir explicaciones y porqués, …..

Pero los días pasan y las miradas de los demás papás por los pasillos te hacen ver que por desgracia ellos también están allí por el mismo motivo y no conseguimos nada con enfadarnos. Lo que más necesitan nuestros peques es tenernos a su lado con más fuerza que nunca. Jamás olvidare ese primer contacto con los enfermeros. La paciencia que debieron tener con Martita. Pero ella no entendía nada de lo que la tenían que hacer pues era una bebé.

Pasamos unos días en nuestra “nueva casa” y le hicieron una biopsia para poder saber el maldito apellido del bicho. Ese día era mi cumpleaños, y fue el mejor regalo que me podían hacer. Saber con certeza el diagnóstico y poder afrontarlo con fuerzas y tratamiento adecuado. Rabdomiosarcoma embrionario abdominal, ese es su nombre y apellido.

Después de varios ciclos de quimio, se pudo operar y limpiar lo máximo posible. Aun así, seguimos con más tratamientos. Pero todo iba tal y como nos dijeron desde el principio y no podíamos rendirnos. Ahora Marta está en remisión. Es una niña feliz y con una fuerza interna impresionante. Es un ejemplo a seguir de valentía y superación. Ahora os voy a contar la unión tan especial con su hermana. Como ya os dije, con 7 añitos, ella fue la que notó que su hermana tenía algo en la tripita. Fue nuestra alarma, nuestra salvación. No es fácil para una niña saber que su hermana está malita y que va a pasar largas temporadas fuera de casa. Pero lo entendió y cada momento que podía lo pasaba con nosotras en el hospital.

Tengo muy claro que el apoyo y cariño hacia su hermana la ayudó a superar y destruir el bicho . Es una unión única y especial. Toca hablaros de nuestra valiente. Es una niña increíble. A pesar de tener días regulares, malos y no tan buenos, siempre tenía su sonrisa en la cara. Un carácter muy fuerte que no dejaba a nadie indiferente en el hospital, pero también cariñosa a más no poder.

Presumida como una princesa. No consentía ponerse un pijama del hospital, decía que eran muy feos. Y su mejor aliado es una barra de labios. Le encanta bailar flamenco, aún en tratamiento y sin cumplir los 3 años empezó sus clases. Tenemos claro que disfrutar de su pasión la ayudó en los momentos menos buenos.

Toda la familia y amigos hemos estado muy unidos desde el primer día. No sabemos cómo podremos agradecerles todo lo que han hecho por nosotros y su gran apoyo. A la FAMILIA del hospital, gracias por las miradas , consejos, lloros, risas, por todos los momentos vividos a vuestro lado. Sin vosotros no hubiera sido tan fácil.

Contado por Ana Molero, mamá de Martita

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